jueves, 11 de febrero de 2010

A mi no amigo

De parte de la que no entiendes, de la que no soy yo, de la que parece más vulnerable, más complicada y hasta más triste: Gracias por esa paciencia casi infinita ante mis regaños, esos abrazos de oso cuando me canso, esas palabras bonitas cuando soy borde, esas canciones cutres tan pegadizas y sobre todo, gracias, muchas gracias por tantas y tantas sonrisas... Si algún día me pierdo, iré corriendo a Klyon para encontrarme.
P.D.: “yo no te pido los luuuuunes, sólo te pido los sáaabados…”

Sus manos…

Es todo lo que recuerdo de aquel encuentro: unas manos fuertes acostumbradas a trabajar la tierra, dedos rígidos y sucios de tanto cubrir heridas, uñas cansadas de arañar el presente, líneas que el frío convirtió en grietas, callos de dolor y de hambre. Manos vacías de todo, manos llenas de gente. Coincidieron con las mías un sólo instante. Todavía hoy se sienten culpables.

lunes, 1 de febrero de 2010

Mi pueblo blanco...

Llegaba tarde... Todos lo aceptaron, pero el maldito tren llegaba, como siempre, tarde... Al final del andén, una calle repleta de caras nuevas. Más allá, calles tristemente pobladas por caras conocidas. La curiosidad, el dolor y el devenir entre ambos...

En la casa, una cama rosa cuyo color eligió alguien a quién ya no soporto y que sin embargo, resulta tan entrañable. Lecho de vidas: vidas pensadas, vidas sentidas, vidas soñadas, vidas que ya no serán vidas. Lecho pasado al que no volver mientras el valor no pueda invertarse otras vidas.

Reencuentros… oportunidades para los que su antiguo yo les pidió a gritos el borrón y cuenta nueva. También para aquéllos que lo recuperaron después de no sé cuántos actos…

Nostalgia… lugares que ya no existen más que en el recuerdo. Vacío de paredes que no encierran nada. El mundo de otros, la tierra de nadie y mi pueblo blanco, que como el tren, siempre llega tarde…

miércoles, 17 de septiembre de 2008

¡Lena, Lenaaa…!

Así la llamaba la ancianita de al lado insistentemente, mientras Elena corría inquieta a socorrerla.
Diecisiete años cuidando día y noche a la que sentía y trataba como a una abuela (“abbela” en el acento rumano que aún conserva). Demasiados años desde que dejara en casa a una pequeña que en el mes de Febrero celebraba su mayoría de edad con impaciencia. No supo qué regalarle. Tuvo que recurrir a la hermana que, en su ausencia, se encargó de criarla. Aún así, sus ojos resplandecían de emoción al pensar en aquel regalo. Mujer fuerte donde las haya, venció con amor a la amargura, brindándole a su hija un futuro a costa de su pasado y de su presente.

Elena es enfermera -tal vez lo sea de nacimiento- pero al llegar a España, la Administración no quiso reconocer su título; tuvo que ejercer con absoluta dedicación, pero sin papeles. Practica la friolera de seis idiomas: rumano, ruso, polaco, francés, italiano y como no, español. Unos los conoce por obligación, otros sencillamente por devoción. El inglés, sin embargo, nunca entró en sus planes.

Le puse cara un día en el que se preocupó por mi cansancio al llegar a casa, mientras ella “sólo” cumplía con su décima hora de trabajo. Únicamente abandonaba el piso para hacer la compra; tenía miedo de que su “viejita” pudiera llegar a necesitarla. A menudo disfruta discutiendo de política y gasta un genio considerable cuando reprende a sus familiares por teléfono. Visitaba a los suyos dos o tres veces al año, haciéndoles saber que seguía con vida y en definitiva, suplicándoles recordarla.

Llegaron el verano y las vacaciones, y a la vuelta las paredes ya no hablaban. La muerte se llevó aquellas voces y a Elena aquí ya no la retenía nada.

Por razones que desconozco, sólo llamé a su puerta un par de veces en cinco años; sin embargo cada día, al atravesar el pasillo junto a la escalera, espero encontrarla tendiendo la ropa en la ventana, agradable como siempre, ofreciendo una conversación, cuando menos, interesante.

Ni siquiera alcanzamos a desearnos suerte. Tal vez sea hora de agradecerlo, pues son muy pocos los encuentros y demasiadas ya las despedidas.

La vida te debe muchas sonrisas. Ojalá se las cobres una por una.

lunes, 5 de mayo de 2008

Los girasoles ciegos


Hoy el sofá perdió la batalla…

Frente al que decide perder la guerra, porque simplemente no mereció ganarla.
Frente a la ausencia que ocupa todo el espacio.
Frente a la vida, que se abre paso, a pesar de uno mismo y de ese frío capaz de helar a la misma muerte.
Frente al calor que desprende un tapiz heredado.
Frente a la casualidad y la mentira que intentan prolongar una existencia condenada por siempre a ser finita.
Frente a una humanidad lejana y casi extinguida en la memoria de los hombres.
Frente a la ternura que apacigua el hambre.
Frente a la barbarie que genera hambrientos.
Frente a lo que somos y a lo que a muchos nos gustaría ser.

En definitiva, frente a una verdadera obra de arte.
Su autor: Alberto Méndez.
El ejemplar: de mi María.

domingo, 27 de abril de 2008

El mejor cumplido

Mejor... Imposible...

"Tengo un cumplido estupendo para ti: puede que yo sea la única persona sobre la faz de la tierra que sepa que eres la mujer más fantástica de la tierra. Puede que yo sea el único que aprecie lo asombrosa que eres en cada una de las cosas que haces y en cómo eres con Spencer… Spens, y en cada uno de los pensamientos que tienes y en cómo dices lo que quieres decir y en cómo casi siempre quieres decir algo que tiene que ver con ser sincero y bueno. Y creo que la mayoría de la gente se pierde eso de ti y yo les observo preguntándome cómo pueden verte traerles su comida y limpiar sus mesas y no darse cuenta de que acaban de conocer a la mujer más maravillosa que existe. Y el hecho de que yo sí me dé cuenta me hace sentir bien conmigo mismo…"

miércoles, 2 de abril de 2008

Mi Cubita linda, mi Cubita bella

Algunas palabras para describir un maravilloso viaje al antiguo "Nuevo Mundo": "overbooking", conexión, incertidumbre, avión, película, bigote, amabilidad, peso, coche, paciencia, hotel, sordidez, nostalgia, magia, música, desconfianza, cartel, vaca, comida, revolución, caballo, confianza, educación, sanidad, belleza, anochecer, mar, palmera, veraneo, animación, cafetal, niña, cascada, paraíso, angustia, hospitalidad, mamei, descubrimiento, museo, poema, maraca, postal, regalos, casualidad, cariño, despedida, cultura, impotencia, rojo, delación, permuta, construcción, capitalismo, turismo, prohibición, piscina, playa, electricidad, chiringuito, bebida, búsqueda, baile, salsa, miedo, tranquilidad, guía, teatro, baño, iglesia, bondad, mirador, simpatía, complicidad, desvío, cueva, abuelo, lluvia, Estrella, embarazo, marlanga, tabaco, camino, dejadez, paisaje, orquesta, jinetero, gay, montaña, langosta, arroz, decepción, río, inocencia, foto, compasión, mentira, tristeza, desesperación, generosidad, lucha, coraje, decadencia, bodega, colonial, maqueta, vista, sello, ilusión, fortaleza, cañón, helado, jazz, discoteca, mojito, riesgo, sexo, atrevimiento, cerveza, rueda, surrealismo, ahorita, rapidito, pesadez, cansancio, tostada, imperio, espejo, pobreza, estatua, salón, pleno, espera, ron, suerte, sinceridad, comprensión, amistad, sueño, casa.

¡Gracias, Carmela!